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Las mejores técnicas de estudio

Cuando toca estudiar, parece que nos encontramos ante una tarea ardua, difícil y llena de obstáculos. Sin embargo, aprender es mucho más fácil de lo que parece.

Para eliminar los obstáculos, facilitar el estudio y que aprender pase de ser una tarea ardua a una experiencia dinámica, debemos emplear las técnicas de estudio adecuadas.

¿Qué son las técnicas de estudio?

Las técnicas de estudio no son otra cosa que estrategias para el aprendizaje intelectual. Gracias a investigaciones y estudios sobre la vida académica, el proceso psicológicos del aprendizaje y la ciencia detrás de las conexiones neuronales, existen un gran número de teorías e hipótesis sobre las mejores técnicas de estudio.

En este contexto, las mejores técnicas de estudio son aquellas universalmente reconocidas como las más adecuadas no sólo a la hora de estudiar, sino también de aprender.

Definición de las técnicas de estudio

Técnicas de estudio y estrategias de aprendizaje ¿son lo mismo? 

A efectos prácticos, se podría argumentar que efectivamente sí, las técnicas de estudio y las estrategias de aprendizaje son lo mismo. De hecho, deben serlo. 

Las peores técnicas de estudio son aquellas que carecen de estrategia de aprendizaje, por lo que las mejores técnicas de estudio sí lo serán.

¿Cuáles son los mejores métodos de estudio? 

Hay cinco métodos de estudio que varios autores de la Universidad de Harvard han recogido en un libro llamado Make it Sitick: the Science of Succesful Learning, en el que se centran en la manera de aprender cómo retener los datos más importantes que necesitaremos en el futuro.

  • Coger apuntes a mano: según los estudios, es mucho más útil a la hora de aprender coger los apuntes en clase a mano que a ordenador o tablet. 
  • Practicar, practicar y practicar: realizar cuestionarios, ejercicios y simulacros de examen es una de las técnicas de estudio más eficaces a la hora de prepararte a fondo de cara a un examen. No sólo te sirve para memorizar de manera más efectiva que leer veinte veces el mismo tema, sino que además te fuerzas a ti mismo a entender lo que estás estudiando.
  • Descanso entre sesiones de estudio: es un error pensar que si estás seis horas seguidas estudiando en la biblioteca, con pequeños descansos de cinco minutos para ir al servicio, vas a conseguir retener más información.
  • Combinar asignaturas y materias: para ayudar en la anterior técnica de estudio, intercalar diferentes materias o asignaturas para las que necesitas estudiar te reportará muchos beneficios. Además de mejorar tu capacidad de retención y comprensión lectora, saltar de una asignatura a otra favorecerá tu agilidad mental.
  • Retarte con desafíos imposibles: una de las máximas de la vida, que oímos y leemos en todo tipo de circunstancias es “apunta a las estrellas”. Lo mismo podemos aplicar al estudio. Retarte a un objetivo que está por encima de tus posibilidades te empujará a conseguir ser mejor de lo que ya eres, y hará que mejores como estudiante.

¿Estudiar o empollar? 

Hay una diferencia enorme entre lo que es estudiar y lo que es ‘empollar’. En términos simples, estudiar no es sinónimo de ‘empollar’. 

La razón de esto también es simple: empollar’, que no significa otra cosa más que memorizar hasta la extenuación, es una parte del estudio, pero no es su todo.

La memorización que forma parte indispensable del estudio necesita comprensión para ser útil. Para memorizar no hace falta comprender, pero para aprender sí.

Organización y planificación del estudio 

Gracias al horario que hemos planificado podremos evitar estudiar más de lo necesario un tema o asignatura, asegurándonos de que aplicamos de manera correcta las técnicas de estudio adecuadas.

Además, nos ayudará a crearnos una rutina diaria que nos permitirá mecanizar los aspectos más tediosos del horario de estudio, pudiendo así mantener nuestra concentración activa en la parte importante del plan: estudiar.

Organizarse para aprender mejor

El aprendizaje 

El aprendizaje consiste en adquirir un conocimiento, ya sea gracias al estudio o a la experiencia. En este sentido, aprender significa que interiorizamos un conocimiento de manera que lo sabemos sin tener que pensar en él.

En cierto modo, se podría decir que aprender viene después de memorizar y que gracias a la memoria podemos aprender, pero que ésta no es un fin en sí misma, sino una herramienta.

Al fin y al cabo, decimos que hemos aprendido a montar en bicicleta una vez podemos montar en bici sin necesidad de pensar en cómo lo estamos haciendo. Y, sin embargo, memorizamos cómo montar en bici mucho antes de saber hacerlo.

La memoria

La memoria, entonces, será una herramienta del aprendizaje, quizá la más útil e importante, pero una herramienta. 

La memoria consiste en la capacidad que tiene nuestra mente de retener información, ya sean datos que hemos leído o circunstancias que hemos vivido. Es, en definitiva, uno de los factores más importantes a la hora de hacer exámenes.

Sin embargo, el objetivo de las mejores técnicas de estudio es conseguir que la memoria no sea más que un valor añadido a la hora de examinarnos, y que aprendamos más allá de la memorización aquello que necesitamos saber para hacer el examen.

Otra clave: persistencia vs. confianza 

Finalmente, es mucho más importante ser persistente que tener confianza en uno mismo. Al menos a la hora de estudiar.

A la hora de estudiar es mucho mejor persistir en el tiempo y dedicarle todas las horas que requiere un tema, una asignatura o una materia, que confiar en que eres la persona que mejor estudia del mundo.

Eso sí, después de ser constante en el estudio, a la hora de hacer el examen tienes que recuperar esa confianza que habías dejado de lado para usarla toda durante las dos horas en las que te examines.

Los peores métodos de estudio 

Finalmente, tenemos aquellas técnicas de estudio tan poco recomendables como tediosas en su aplicación. Son técnicas que se centran en memorizar por encima de comprender, y que responden al sistema de estudio clásico en España.

¿Cuál es la peor técnica de estudio?

Estamos hablando, por su puesto, de las tres sospechosas habituales: subrayar, releer y hacer resúmenes.

Gracias a estos métodos podrás memorizar y memorizar hasta que necesites regurgitar esa información en el examen, pero no podrás aprender, porque son unas técnicas arduas y tediosas.

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